Producción de energía eléctrica a partir de Glucosa y Grasas

Santiago García Garrido

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Una alternativa segura, rentable y renovable a los combustibles fósiles es la producción de energía a partir de biomasa. Un grupo de científicos de EEUU logran obtener hidrógeno útil como combustible a partir de azúcar y grasa

El petróleo y otros combustibles fósiles, como el carbón, tienen los días contados. Las previsiones pesimistas hablan de 30 años, y las más optimistas de 60, pero es indudable que se acabarán algún día. Es sorprendente como los intereses económicos de las grandes compañías petroleras son capaces de bloquear (o al menos dificultar) la búsqueda de fuentes de energía que nos permitan mantener nuestro actual modo de vida. Desde hace décadas se habla del hidrógeno como uno de los candidatos a sustituir a estas fuentes ‘tradicionales’. El hidrógeno tiene la ventaja de que al quemarlo produce energía y sólo se desprende vapor de agua, nada de CO2. Los científicos llevan años intentando sintetizarlo de forma rentable. Según la revista Nature, dos investigadores del Laboratorio Nacional de Energía Renovable de Colorado (EE UU) presentan un método para obtenerlo a partir de moléculas abundantes y baratas: la glucosa y el glicerol.

La forma tradicional de obtener hidrógeno es por electrolisis del agua. El agua, cuya fórmula es H2O, se separa en sus dos componentes (H2 y O2) bajo la acción de una corriente contínua. El problema es que esta forma de producción de hidrógeno consume más energía de la que después produce y por tanto, no es rentable. Otra forma es la síntesis a partir de hidrocarburos, pero los costes son entres dos y tres veces mayores que los del gas natural. 

La obtención de hidrógeno a partir de biomasa abre una nueva vía. La glucosa es el azúcar que los animales y las plantas utilizan como energía. El glicerol es un derivado de la grasa. En una solución acuosa, en presencia de un catalizador de platino; a una temperatura moderada (entre 225 y 265 grados), y a una presión de entre 27 y 53 atmósferas (que también podemos considerar una presión moderada), producen hidrógeno líquido. En su experimento los investigadores usaron los componentes muy purificados, cuya obtención hace que el proceso, tal y como actualmente se ha puesto en marcha, no sea rentable. Pero si, con la inversión adecuada, el proceso pudiera realizarse con restos de cultivos con glucosa y con grasas poco purificadas que contengan glicerol, el método sería económicamente viable. 

En nuestro metabolismo, la glucosa se oxida con el oxígeno que respiramos para producir energía química (y térmica) junto con dióxido de carbono y agua como subproductos. El descubrimiento que se detalla en este artículo tiene como resultado final los mismos productos: energía CO2 y H2O, pero al conseguir la producción intermedia de hidrógeno hace que éste se pueda usar como combustible en un pila de combustible que nos produce energía... eléctrica.

Lo ideal sería utilizar cultivos que, sin necesidad de fertilizantes, produjeran mucha biomasa. Entre esos cultivos, avanzan los autores, podría estar la caña de azúcar en climas tropicales. También aseguran que de esta biomasa se podrían extraer otros productos, como fibras y productos químicos, que harían más rentable el proceso.

El hidrógeno tiene dos aplicaciones interesantes: generar calor mediante combustión, por reacción con el oxígeno para producir agua, o generar energía eléctrica mediante las llamadas celdas de combustible o pilas químicas. Ahora mismo existen experimentos para desarrollar automóviles con estas celdas, aunque sólo en fase de prototipo. El Gobierno de Bill Clinton subvencionó la investigación de estos motores con unos 1.500 millones de euros. En marzo de 2002, el presidente de EE UU, GeorgeBush, defensor reconocido de los intereses de las grandes petroleras, enterró el proyecto.
 
 

Santiago García Garrido

 

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