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Ciencia, tecnología y sociedad
Ciencia para todos
Historias de Ciencia
 para gente curiosa.                                               por   Pedro Gómez Romero 
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Metaevolución
La palabra evolución nos sugiere  imágenes de especies animales colgadas del arbol de la vida. Pero la evolución no siempre ha trabajado sobre sistemas vivos. Esta es la historia de la evolución de la evolución.

La palabra "evolución" proyecta en nuestras mentes imágenes de libros de Biología, interpretaciones artísticas de trilobites nadando en el mar de la abundancia del paleozóico o grabados de cinco o seis homínidos en fila india esforzándose por caminar tan erguidos como el homo sapiens que los precede. Si en un concurso de la tele nos preguntaran por el padre de la teoría de la evolución deberíamos responder que fue Charles Darwin, a pesar de que Darwin nunca pretendió haber descubierto la evolución y ni tan siquiera la llamó por ese nombre. Todos sabemos, porque nos han pasado la voz, que las especies vivas evolucionan, pero no incluimos el sol que nos alumbra ni el quiosco de la esquina en la lista de especies en evolución. Y sin embargo todo evoluciona; los seres vivos, la materia inerte...; la propia evolución evoluciona.
¿Qué queremos decir con esto?. El análisis de cómo ha cambiado la evolución de la materia nos dará las claves para comprender este nuevo concepto, el concepto de la metaevolución.

Que las especies vivas han evolucionado y evolucionan aun hoy en día es un hecho bien conocido. No es necesario investigar fósiles de especies extinguidas para confirmarlo. Un vistazo a la historia de seres con vidas cortas en comparación con la nuestra nos muestra el funcionamiento de la evolución biológica. Ahí tenemos por ejemplo la asombrosa adaptación de especies bacterianas resistentes a los antibióticos, una historia de muchas generaciones en la que se combinan mutaciones, variabilidad y un entorno más hostil para ciertos individuos que para otros para producir un resultado en el que la vida nos muestra su flexible cintura.
  De la mano de Charles Darwin la evolución pasó de la categoría de hipótesis a la de teoría y, desde entonces, cada nuevo descubrimiento ha contribuido a afianzarla, cada nueva matización la ha hecho más sólida. El descubrimiento del ADN por ejemplo, nuestro código de barras biológico, que está presente en las células de todos los seres vivos, nos emparienta a todos y nos diferencia a la vez a unos de otros. El ADN confirma nuestra idea de un origen evolutivo común.
 Pero antes del ADN, ¿qué evolución era posible?.
La respuesta es una evolución química. De la misma forma que las especies biológicas no son una parte inmutable del universo y han evolucionado de acuerdo con las reglas del juego de la selección natural que Darwin nos mostró, las especies moleculares también han evolucionado a lo largo de los eones, siguiendo, eso sí, sus propias reglas basadas en las leyes de la química. En el universo no siempre ha habido ADN, ni hemoglobina, ni agua, ni oxígeno. En algún momento tuvieron que aparecer, pero ¿cómo lo hicieron?. A su vez, también los átomos que forman las moléculas han evolucionado, siempre, claro está, obedeciendo las leyes de la física. Y los componentes de los átomos, ¿han existido siempre?. 
¿Hasta donde podemos remontarnos en este proceso de metaevolución?
 

La que sigue es una descripción impresionista de este proceso. Una visión de "flash" de una secuencia metaevolutiva que empezó con el big-bang y un universo en expansión y enfriamiento en el que la energía se congeló en materia y la materia no cesó de autoorganizarse, exprimiendo orden del caos. 
Quarks materiales que forman núcleos atómicos antes de que existieran los átomos. Núcleos que se asocian con electrones en atómica simbiosis. Átomos capaces de compartir electrones con otros para formar moléculas. Entes moleculares cada vez más grandes y complejos, que llegan a formar estructuras supramoleculares burlando las leyes del azar y la probabilidad. Superestructuras moleculares en forma de pompa de jabón que brindan una primera oportunidad a la química para sublimarse en biología. Protocélulas primitivas individuales y egoistas que aprenden a comer y a perpetuarse, pero también a cooperar para fomar células complejas y de paso respirar mejor. Células sociales que se organizan en tejidos y tejidos especializados en el desarrollo de órganos funcionales. Individuos orgánicos complejos cuyos tipos se cuentan por millones, suficientes como para reventar el arca de Noé. Múltiples poblaciones entrelazadas por nudos ecológicos. Complejos individuos sociales acolmenados, algunos de los cuales han llegado a desarrollar un cierto nivel de conciencia. Una conciencia que les ha permitido mirar hacia atrás y comprender.
 

Esta página empezó siendo un artículo corto. Pero al igual que el mismo proceso que describe, evolucionó y maduró de forma sorprendente hasta alcanzar el nivel de libro. El libro "Metaevolución. La Tierra en el Espejo" fue premiado como mejor texto inédito de divulgación científica en el XIII Certamen "Casa de las Ciencias de Divulgación" (año 2000) , organizado por el museo "Casa de las Ciencias " de La Coruña, y  publicado por Editorial Celeste,  2001.

"Metaevolución. La Tierra en el Espejo "
libro ganador del  XIII certamen Casa de las Ciencias de Divulgación. 
Pedro Gómez Romero
Celeste ediciones, Nov. 2001
206 páginas, 55 ilustraciones, 14.42 Euros
ISBN: 84-8211-342-9

Dónde se puede comprar?. En librerías y también en Internet : 

http://www.libreriagea.com/fichalibro.php?ID=84-8211-342-9

http://www.unilibro.com (librería universitaria OnLine)

http://libros.elcorteingles.es/producto/libro_descripcion.asp?CODIISBN=8482113429
 

Reseña:
No se deje intimidar por el término empleado para el título. Este libro no trata de abstractas disquisiciones científicas, sino que ofrece una visión integradora del proceso de evolución de la materia, desde el big-bang hasta la frágil rama de nuestra evolución cultural de la forma más accesible al público no científico. Pero hay más. 
Déjenme poner tres pares de ejemplos: 
¿Qué tienen en común el Sol, una bacteria y el quiosco de la esquina?.
¿Cuál es la probabilidad de una pompa de jabón?
¿Qué hubiera sido de la Teoría de la evolución si Darwin hubiera perdido su barco?
¿Quién planifica nuestra evolución tecnológica?
¿Alguien sabe cuánto petróleo queda en el mundo?
¿Es imprescindible que nuestros coches lleven chimenea?
Estas son algunas de las sorprendentes preguntas a las que encontrará sorprendentes respuestas leyendo este libro.
Porque con el telón de fondo de nuestra evolución a vista de platillo volante el autor nos lleva a reflexionar sobre el estado actual de nuestra evolución cultural y a la encrucijada tecnológica en la que nos encontramos en la que la ciencia jugará un papel fundamental. 
 

Preguntas y comentarios a cienciateca@mail.com |  Última modificación: 18 Marzo 2004
©Pedro Gómez-Romero, 1998-2004