DIVULGACIÓN Y DIFUSION CIENTÍFICA

Dr. Hugo Díaz Oyarzún

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EL SIGLO 20 ES CONSIDERADO COMO EL SIGLO DE LA CIENCIA Y DE LA TECNOLOGÍA.  Es el siglo de la revolución científico-técnica.  Es la centuria durante la cual, y gracias a la ciencia, el hombre ha acariciado con sus manos las estrellas y posado sus pies en la Luna.  Podemos asegurar que en los primeros lustros del Siglo XXI será aún más intensa y veloz el avance de la ciencia.

 

Pero sin lugar a dudas, los mas descollantes avances científicos y tecnológicos se centran en los progresos alcanzados por la biología molecular, genética, nanociencia y nanotecnología, que se han transformado en las mas poderosas herramientas que hasta hoy ha tenido en sus manos el hombre.  Ello obliga a científicos, políticos y público en general, a perseverar en las responsabilidades ético-moral que semejante poder significa.  Por ello es que la DIVULGACION y la DIFUSIÓN CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA DEBIERAN SER UNA PREOCUPACIÓN ESPECIAL DE LA PRENSA VISUAL, ORAL Y ESCRITA.

 

Lamentablemente, ello no sucede, y el público en general poco o nada sabe de estos avances, menos de su significado.

 

Nuestra prensa esta atiborrada de noticias sobre, política, deportes y algunos aspectos de arte, como también de los actores de tales quehaceres.  Nada tengo en contra de ello.  Son parte esencial de la cultura y el quehacer de los pueblos, pero quedan al margen del acontecer diario los científicos, tecnólogos y técnicos.  Se les debe dar mayores o mejores espacios.  La ciencia y la tecnología son, hoy por hoy, una herramienta maestra del desarrollo de las fuerzas productivas, sin ellas, y sin ellos, los científicos, no hay posibilidad de desarrollo económico, social, político ni moral.

 

La ciencia y los científicos, como noticias, parecen no tener venta, pero el pueblo necesita conocerla.  Para evitar que con sus avances se repitan HIROSHIMAS y NAGASAKIS.  Solo un conocimiento cabal del acontecer científico, podrá formar una conciencia colectiva que ordene lo que deben ser las limitaciones ético-morales de los avances de su majestad la ciencia.

 

 

Todo ello se evitaría o se disminuiría en un nivel máximo, si se mantuviera un pequeño, muy pequeño y, aún, modesto plan sistemático de divulgación científica.  El que además, a la postre, se transforma en un bagaje de conocimiento esencial que nos permita cabalgar bien hacia el devenir económico, político, social, religioso, ético, filosófico de hoy y mañana.  Por otro lado, como es resabido, los nuevos conocimientos traen nuevas ideas y por ese camino acrecientan la capacidad de inventiva de los pueblos:  el que no sabe es como el que no ve.  No se debe olvidar que el conocer no siempre es plenamente coincidente con el entender; la divulgación científica, debe ayudar principalmente al entender.

La evolución de los niños y los jóvenes, y de la población toda, en referencia con el conocimiento de la ecología, sus problemas y la estrecha relación de ellos con la vida del planeta, demuestran las ventajas de la divulgación científica.

 

Consideramos que ya es tiempo de iniciar una concientización de todo el pueblo en referencia al significado, valor y trascendencia de la ciencia, la tecnología y sus avances.

 

 

 

Santiago; Febrero 2005