"Internética"

 

Pedro Gómez-Romero

 

Dicen que Mark Twain dijo que Disraeli había dicho que hay tres tipos de mentiras: las mentiras, las mentiras podridas y las estadísticas*. Dado el imparable aumento de la importancia de Internet en nuestra sociedad y dependiendo de cómo evolucionen los mecanismos de destilación de datos e información de la red de redes, a esa lista se podría añadir una cuarta categoría: la Internética.

Internet representa el último hito en la cristalización de una sociedad internacional, interconectada, e interactiva. Se diría que llevamos camino de tenerlo todo, desde todas las noticias del día en la aldea global, hasta todo el conocimiento de nuestra especie al alcance de los dedos de cada uno de los ciudadanos del primer mundo y de parte de los del segundo. En esa línea, la Internética podría acabar siendo una fascinante disciplina. De hecho, para quienes trabajamos con cualquier aspecto relacionado con conocimiento, información o comunicación la navegación en Internet se ha hecho imprescindible y como consecuencia, el estudio de los propios contenidos de la Red, el análisis de su estructura, interrelación y su comprensión como sistema en evolución irán adquiriendo una importancia creciente en el futuro. La Internética va tomando cuerpo.

Pero al igual que la energía nuclear o la quijada de asno, la Internética también puede presentar un lado oscuro y los aprendices de brujo con vocación de controlarla nos lo irán mostrando en años venideros. Además,  junto al problema del control tenemos otros menos explícitos, como el de la gestión y digestión de datos internéticos o la propia evolución de Internet. El volumen sobredimensionado de información potencialmente a nuestro alcance es una característica intrínseca de la red de redes. Un exceso de contenidos que paradójicamente dificulta nuestra capacidad como usuarios de hacer un uso óptimo de los mismos. Un bosque que no deja ver los árboles, pero además un bosque con menos diversidad de la que parece. Y es que a pesar de instrumentos mejorados de análisis masivos de datos, a pesar de buscadores como Google y de directorios especializados que ponen algo de orden en el caos, la imagen que Internet nos devuelve de nuestra sociedad de la información es parcial y distorsionada. Si algún visitante alienígena intentase comprender nuestro mundo mediante una extrapolación internética, podría llegar a la conclusión de que África prácticamente no existe, de que el chino es un idioma minoritario o de que en toda ciudad hay un sex-shop en cada esquina. La diversidad y el enorme potencial del bosque internético llevan camino de verse empobrecidos por el dominio de mecanismos evolutivos puramente mercantilistas, mientras que la obsesión neomilenaria por la seguridad del imperio gestor de Internet empieza a amenazar la libertad de la república que lo hizo posible. Internet y la Internética están por hacer. La imagen de nosotros mismos que nos devuelven hoy en día, digna de espejo de feria, debería servirnos de aviso y de acicate para pulir nuestros instrumentos internéticos y crear otros nuevos, para corregir aberraciones en Internet y evitar, en definitiva, que la recién bautizada Internética pudiera acabar convirtiéndose en  una nueva categoría dentro del campo de las mentiras. Estamos a tiempo.

 

 

* "There are lies, damned lies, and statistics." Twain usa la famosa expresión en su autobiografía, pero se refiere a ella como “el comentario que se atribuye a Disraeli”.

 

Pedro Gómez Romero, científico y divulgador, autor del libro “Metaevolución. La Tierra en el espejo” (Celeste, 2001) y editor de la página web http://www.cienciateca.com

 

 

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