La falta de escepticismo.

 

Ismael Pérez Fernández.

 

¿Vivimos en una época científica? Parece que sí. En fin, las nuevas tecnologías, el proyecto del genoma humano, la exploración espacial, todo esto parece indicar que vivimos en una época científica. Pero en mi opinión, nuestra sociedad está sumida en una ignorancia científica y en una falta de escepticismo preocupante. ¿Cómo si no podemos explicar que la gente crea en la astrología, en videntes, zahoríes, en el espiritismo, en la canalización y como no, en que los extraterrestres existen y por supuesto nos están visitando continuamente?. Como si la Tierra fuera una especie de paraíso galáctico. Tal vez, el problema resida en que preferimos anteponer nuestras ganas de creer en algo que nos gusta a examinarlo escépticamente, lo cual nos conduce al autoengaño, y al desconocimiento. Si buscamos la verdad, debemos saber mezclar la imaginación y el escepticismo, de nada nos valdrá el ser sólo imaginativos o sólo escépticos. En cualquiera de los dos casos andaremos cojos. Las tendencias amarillistas de ciertos medios de comunicación tampoco ayudan mucho. Estoy pensando en esos medios que explotan todos estos temas “esotéricos” en una especie de “debates”, que lo único que consiguen es que los creyentes en el tema parezcan  locos y los escépticos intransigentes. Pero la mayor parte de culpa reside en el sistema educativo, ya que rara vez se enseña a pensar a la gente. Y claro está, quedamos vulnerables ante cierto tipo de argumentos que no son más que falacias. ¿Por qué no se enseña o se intenta transmitir un pensamiento critico?, creo que la respuesta a esta pregunta ya la dio en su momento el astrofísico Carl Sagan:

Puede que empiecen a hacerse inoportunas preguntas sobre las instituciones económicas, o sociales, o políticas o religiosas. El escepticismo es peligroso. Ésa es precisamente su función, en mi opinión. Es menester del escepticismo ser peligroso. Y es por eso que hay una gran renuencia a enseñarlo en las escuelas. Es por eso que no encontramos un dominio general del escepticismo en los medios.

 Si hay algo que caracteriza a la ciencia actual es su espíritu crítico. Esto es fundamental para el avance del saber y del conocimiento. Este pensamiento crítico no sólo es aplicable en el campo de la ciencia, sino que es útil en muchos otros campos incluso en la vida cotidiana. El pensamiento crítico se basa en el uso de la razón. He aquí algunas nociones básicas que se pueden usar a la hora de evaluar algunas afirmaciones, para saber si podemos aceptarlas provisionalmente como ciertas, hasta que dispongamos de nueva información y tengamos que volver a realizar un nuevo análisis:

-Primero, toda afirmación debe poder falsarse, ¿Y esto que quiere decir?  Pues que debemos ser capaces de imaginar un hecho que pueda demostrar que la afirmación  es falsa. Pongamos un ejemplo para que quede más claro. Si yo afirmo: “La lluvia va de arriba a abajo” esto es una afirmación que puede ser falsa, bastaría con que una vez lloviera de abajo a arriba para probar su falsedad. Como es lógico nadie espera que esto ocurra. Lo importante es que  si es falsa el hecho probara su falsedad, de no hacerlo podemos aceptar provisionalmente la afirmación como cierta. Las afirmaciones que no se pueden falsar valen  poco por no decir nada. Vean un ejemplo, esto apareció en el periódico “20 Minutos” en el horóscopo de acuario:

“No andas mal en lo económico, aunque pueden producirse pequeños gastos imprevistos, quizá relacionados con el automóvil o el hogar”

Como se puede observar no es posible concebir un hecho que pueda falsar la afirmación. Si se afirma que “pueden producirse...” también se esta afirmando que “pueden no producirse...” y lo mismo pasa cuando se dice”quizá....”. Afirmaciones tan vagas y generales están vacías de todo contenido. No nos transmiten nada de información. Cualquiera puede hacer predicciones de este tipo. Y no hace falta usar ni las estrellas, ni las cartas del tarot, ni ningún otro método.

-Todo argumento debe ser lógicamente valido, es decir las conclusiones a las que       se lleguen tienen que derivarse de las premisas. Además debe darse la condición de que todas las premisas sean ciertas. Normalmente para saber si una premisa es cierta se necesitan conocimientos sobre la materia de la que se esté hablando. Esto solo tiene una solución, hay que documentarse. Si no lo hacemos la mayoría de las veces nuestras opiniones serán erróneas.

-Hay que considerar todos los hechos disponibles, es decir hay que tener en cuenta tanto los hechos que apoyan la teoría como los que la contradicen. Un ejemplo sencillo nos ayudara a entenderlo. A todos nos a pasado que estando en casa pensando en un familiar o amigo,  de pronto suena el teléfono. Y es precisamente esa persona la que nos llama, ¿telepatía? No, deberíamos contar también todas las veces que hemos estado pensando en alguien y no se ha producido la llamada. No es razonable contar los aciertos y olvidar los fallos.

-Debemos evitar el autoengaño, si hay hechos que prueban que estábamos equivocados hay que aceptarlo. Dicho de forma sencilla que hay que ser honrados con los demás y con nosotros mismos. Cuántas veces habremos oído decir a los parapsicólogos “que no han podido probar algún fenómeno porque éste es huidizo” o  “que alguien no ha podido demostrar sus poderes telepáticos porque alguien le esta anulando o influyendo”. Es decir que si el experimento apoya sus tesis, entonces están en lo cierto, pero si el resultado prueba lo contrario no aceptan que estén equivocados. Resumiendo, esto es como decir “cara: gano yo;  cruz: pierde usted”.

-Los que deben probar y demostrar son los que afirman, no los que niegan, por la sencilla razón de que no es lo mismo la ausencia de pruebas en contra, que la existencia de pruebas a favor.

-Un testimonio no es prueba suficiente. No olvidemos que los testimonios provienen de personas y por lo tanto son subjetivos. Un testimonio es valido para hechos cotidianos pero no para afirmaciones extraordinarias del tipo “puedo leer la mente” o “puedo adivinar el futuro”. Como muy bien dijo el filosofo David Hume “Afirmaciones extraordinarias requieren evidencias extraordinarias”.

-Las opiniones de las autoridades no tienen ningún valor añadido es decir no hay que creerse algo sólo porque lo diga alguien que sea un experto en la materia. En el libro “El fraude de la sábana Santa y las reliquias de Cristo” Juan Eslava Galán lo expresa así: ”¿no seria preferible que las ideas se defendieran por si mismas y no por las firmas que las suscriben?”

El que apliquemos estas ideas no debe llevarnos a pensar que no nos podemos equivocar. No olvidemos que ante todo somos personas y por lo tanto falibles y susceptibles de que nos engañen o de engañarnos a nosotros mismos

Hoy en día, hay una idea ampliamente extendida, la idea en cuestión es  esta “todas las opiniones son respetables”. ¿Qué quiere decir con respetables? ¿quiere decir que no podemos hacer critica? Si esto es así, si no podemos criticar ni debatir las opiniones ¿cómo vamos a avanzar en nuestro conocimiento? Y lo que es más importante ¿cómo vamos a averiguar si estamos equivocados? Se suele decir que esto es democrático. Pero lo que caracteriza a la democracia es el debate abierto y la critica entre los que sustentan distintas opiniones. Hay que respetar a todas las personas, no a todas las opiniones. Si alguien dice que la Tierra es plana, podemos argumentar en contra de su opinión, podemos darle pruebas de que está equivocado. Lo que no podemos hacer es insultarle. Una cosa es criticar una opinión y otra muy distinta faltar al respeto a nuestro interlocutor. Si queremos ser personas responsables una de las cosas que debemos aceptar es que todo conocimiento es provisional, que podemos estar equivocados, y que las ideas y opiniones están para ser debatidas y criticadas. No para encerrarnos en ellas y creernos en posesión de la verdad sagrada. Debemos buscar y aceptar la verdad donde quiera que ésta nos conduzca.

 

Ismael Pérez Fernández.

 

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